16 mayo 2007

CRÓNICAS EMILIANENSES


Dice algún malintencionado cronista que el Stetitilla ha estado holgando bajo las vides estos días. Pero holgar no significa dejar el caletre inerme. Miren cronistas si no, qué cosas me han acudido a las mientes estos días.

Los vecinos de Berceo y San Millán celebran una romería el tercer sábado de junio y suben río Cárdenas arriba hasta el lugar de La Calera (casa rural recomendable) en donde las mujeres deben abandonar la comitiva y regresar al pueblo. La razón de esta discriminación tiene su origen en la extraña enfermedad que diezmaba a las mujeres allá por el siglo XVI. Para pedir remedio a San Millán para tal desgracia suben,
pues, los hombres solos ocho kilómetros más. Al llegar a los Corrales de Urre (o pradera del Santo) pasan a la margen derecha del río y superan a la sombra de hayas, serbales y pinos casi trepando por el sendero el último kilómetro hasta la cueva-capilla. Presentan sus plegarias con fervor antes de coger cuatro piedras de la gruta de las que más tarde tirarán tres al haya de los deseos y otra al tejado de la casa que la defienda de los rayos. Llegados al mediodía a los prados junto al río, se distribuyen en "cocinas" o "ranchos" para preparar al fuego el yantar y dar buena cuenta del mismo con la ayuda de los caldos de la tierra. Como no hay mujeres que impongan sensatez, la sobremesa se prolonga hasta que los vapores se disipan. En ese momento se rezan unas preces y se remprende el camino de vuelta hasta los prados de San Martín, cerca ya de Lugar del Río, donde se hace otro alto para recobrar fuerzas y dar el último tiento a la bota . Sea por aburriemiento o por los efectos del rioja, el caso es que a los perros que han acompañado a los romeros se les prende y mantea hasta que los animalejos logran escapar a toda priesa despavoridos por tanto fervor camino abajo hasta el pueblo. De este modo las mujeres saben que deben ir poniendo la cena al fuego porque sus maridos, novios e hijos benefactores están a punto de llegar al hogar, dulce hogar.

Y después de todo este prefacio, digo yo: ¿Por qué ahora que estamos de romería electoral no nos llevamos a los prados de San Martín a todos los candidatos?